Por Montserrat Muñoz
Guadalajara, México (Agencia Informativa Conacyt).- La Organización Mundial de la Salud (OMS) clasifica el alga Spirulina como un superalimento, ya que contiene todos los aminoácidos esenciales; es una excelente fuente de vitaminas y minerales, y es abundante en otros nutrientes. Incluso la Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA, por sus siglas en inglés) utiliza esta planta como base para elaborar la comida de sus astronautas.

En adición a ello, esta planta contiene altas cantidades de omega 3, especialmente de ácido eicosapentaenoico (EPA) y ácido docosahexaenoico (DHA). Aprovechando estas propiedades, la empresa Biotecnología Mexicana de Microalgas (Biomex) desarrolla un alimento funcional para prevenir la diabetes.

El maestro Guillermo Sergio Vega Valero, director de la empresa, compartió en entrevista para la Agencia Informativa Conacyt los detalles de este proyecto, mismo que se trabaja en alianza con investigadores del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM) y la Universidad Autónoma del Estado de México (UAEM).

“El proyecto va enfocado en desarrollar un alimento funcional para prevenir la diabetes o atenuarla. El producto final es un bocadillo ligero adicionado con DHA que pueda consumir cualquier persona sin importar la edad o cualquier enfermedad —como diabetes—, ya sea como golosina o como postre”, señaló el directivo.

A través de la convocatoria 2015 del Fondo de Innovación Tecnológica (FIT), la empresa obtuvo cuatro millones de pesos para este proyecto, cuyo resultante se espera esté disponible a la venta a finales de 2017.

El proceso

La bióloga Jade Esmeralda Núñez Echevarría, coordinadora del Laboratorio de Microbiología y Biotecnología Algal de la empresa, señaló que las microalgas producen de manera natural metabolitos secundarios que resultan benéficos para animales y humanos, como antioxidantes y ácidos grasos. “Lo que nosotros hacemos es encontrar una manera de estresarlas para que produzcan una mayor cantidad”, explicó.

El alga Trachydiscus minutus y la microalga Nannochloropsis, por ejemplo, producen cantidades importantes de EPA y DHA. Para escalar su producción, las plantas son previstas de un medio con las condiciones necesarias para su crecimiento y luego sometidas a estrés salino.

“Dependiendo de la microalga va a ser el modo de cosecha. Hay microalgas que con una simple malla pueden quedar ahí por el tamaño. En el caso de Trachydiscus minutus, que es muy pequeña, lo hacemos por centrifugación. Después colectamos la biomasa y realizamos diferentes tipos de secado”, señaló la investigadora.

studios de extracción de lípidos realizados por el ITESM, campus Monterrey, en un grupo liderado por el doctor Roberto Parra Saldívar, profesor investigador de esta casa de estudios, han determinado que esta metodología permitió aumentar la cantidad de DHA en ambas cepas.

La maestra Julieth Stephanie Acosta Camacho, parte del equipo de la empresa, señaló que se hicieron pruebas en ratones para ver el efecto que el DHA adicionado en croquetas tendría en ellos.

“Lo que se busca es determinar el efecto de la adición del omega en enfermedades como la diabetes tipo 2”, comentó, a la vez que apuntó se espera los resultados sean positivos para los roedores.

A través de la doctora Roxana Valdés Ramos, investigadora y catedrática de la UAEM, se realizarán pruebas con un grupo de voluntarios del hospital.

Biodiversidad en México

México cuenta con al menos 35 tipos de micro y macroalgas, una de las cuales fue descubierta recientemente por el equipo de Vega Valero en la comunidad de Guerrero Negro, en Baja California Sur; el alga ya se encuentra en trámites para ser registrada.

Actualmente, la empresa utiliza cinco variedades de alga espirulina, dos de ellas —maxima y platensis— provenientes de territorio nacional.

“Utilizamos tanto cultivo como recolección. Tenemos una planta de cultivo en Zacoalco de Torres, Jalisco, donde estamos produciendo entre 500 y 700 kilos de biomasa de manera mensual. También hacemos dos o tres colectas anuales en diferentes lugares de la República”, comentó el director.

El empresario señaló que en el México prehispánico, la espirulina ya formaba parte de la dieta de los aztecas, quienes la recolectaban del lago de Texcoco y la consumían como proteína. Una empresa mexicana explotó esta área durante gran parte del siglo pasado, cosechando y comercializando espirulina. Sin embargo, debido a la contaminación que acechaba el lugar y a problemas de índole administrativo, esta empresa desapareció a principios de la década de los 90.

Investigación básica y aplicada

Además del bocadillo con DHA, el equipo trabaja en otros proyectos para incorporar las bondades de las microalgas en alimentos para consumo humano y animal, cosméticos y fármacos, entre otros. Uno de ellos se refiere a desarrollar una sal baja en sodio adicionada con algún tipo de antioxidante proveniente de las algas.

Vega Valero afirmó que aunque la investigación básica es vital para la empresa, no es rentable quedarse solo en ese paso. Por ello, buscan socios estratégicos comerciales que se especialicen en el mercado al que se quiere llegar y que provean al equipo científico de una necesidad con posibles soluciones en el campo de las microalgas.

“Nosotros nos encargamos de la parte de las algas: desde su inoculación, crecimiento y escalamiento, hasta la obtención de productos con alto valor como proteínas, omega 3, astaxantina, ficocianina, productos que sirven para adicionar a un alimento, bebida u otro tipo de artículo”, señaló el empresario.

En el futuro, Biomex buscará incursionar en proyectos que involucren la biorremediación de aguas y la elaboración de fertilizantes utilizando algas, así como atender las muchas enfermedades que afectan a estas plantas.

Han colaborado con ellos investigadores del Centro de Investigación y Asistencia en Tecnología y Diseño del Estado de Jalisco (Ciatej), ITESM campus Monterrey y campus Guadalajara, UAEM, Universidad de Arizona y Universidad de Texas, entre otras instituciones.

La empresa

Vega Valero fundó esta empresa hace 11 años en Puerto Vallarta. Sin embargo, aseguró que el primer lustro fue muy complicado, ya que eran escasos los proyectos e investigadores enfocados en el estudio o desarrollo de productos basados en microalgas en el país.

Tras una reestructuración, la empresa cambió a su actual nombre y se mudó a Guadalajara. Es entonces cuando se empiezan a desarrollar más proyectos con apoyo de fondos federales a través del Conacyt, así como a consolidar contactos y alianzas nacionales e internacionales. Asimismo, comenzó la capacitación del personal en el cultivo y manejo de microalgas, entre otras técnicas.