Coquimbo, Chile.- En la costa de Caldera existe una de las Áreas Marinas y Costeras Protegidas de Múltiples Usos (AMCP-MU), decretadas desde hace alrededor de una década por el Estado de Chile y que buscan armonizar el cuidado del entorno con las actividades productivas, especialmente pesca, turismo y transporte. Lograr este delicado equilibrio requiere que dichas actividades sean viables económicamente, socialmente justas y ambientalmente amigables.

Una de estas áreas protegidas es Isla Grande de Atacama, ubicada entre Punta Morro (al sur de Bahía Inglesa) y la ribera sur de la desembocadura del rio Copiapó. En sus cerca de 30 km de longitud, la zona exhibe una muestra del patrimonio natural y cultural representativo de la región, concentrando aves y mamíferos marinos, reptiles y vegetación endémica, y una biodiversidad de algas, peces y moluscos que han sustentado el desarrollo de la pesca artesanal. Esta misma labor, sin embargo, ha provocado en las últimas décadas una considerable disminución de recursos marinos, evidenciando la necesidad de perfeccionar el manejo del área, con el fin de hacer sustentable de esta zona costera.

“Para esto hay que conocer lo que se hace en cuanto a actividades humanas, que efectos ellas generan sobre el ambiente”, señala la bióloga marina Loreto Rodríguez. Este registro, agrega, “nos permitiría aprender cómo se comporta el sistema y cómo hacer para que permanezca estable, manteniendo la actividad humana. Es decir, hay que replantearse la forma en cómo se usa hoy día el área”, subraya.

Ella forma parte del grupo de profesionales de la Universidad Católica del Norte que, con el financiamiento del Ministerio del Medio Ambiente, está trabajando desde 2012 y en conjunto con la comunidad – residentes, turistas y usuarios - en una iniciativa de ciencia ciudadana dedicada a monitorear y registrar lo que sucede en el área, para generar conocimiento y promover su valoración.

Servicios ecosistémicos

“Se trata de conservar los llamados servicios ecosistémicos, que son todos los servicios, bienes y beneficios que la naturaleza nos brinda”, explica Loreto Rodríguez.

El proyecto se llama “Diseño y ejecución de un plan de monitoreo de los objetos de conservación del Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos Isla Grande de Atacama”. A la cabeza de la iniciativa está Wolfgang Stotz, académico e investigador de la Facultad de Ciencias del Mar de la UCN, quien precisa que, tras dos años de estudios, se ha logrado identificar actores y servicios ecosistémicos. También se ha evaluado recursos de interés económico como algas y moluscos, y de conservación, principalmente aves y mamíferos. “Hemos registrado el esfuerzo pesquero del área y monitoreado las especies evaluadas. Lo que falta es difundir resultados e involucrar más a la comunidad en el monitoreo del estado del área, informando lo que observan cuando se encuentren en ella”, comenta el científico.

Y si bien el proyecto concluye a fines de marzo de este año, los responsables esperan que el compromiso de la comunidad permanezca y se traduzca en un monitoreo permanente, cuyos datos se irán recopilando en la plataforma digital de Facebook.

Cabe mencionar que, en su última sesión de diciembre de 2013, el Consejo Regional (CORE) de Atacama aprobó un presupuesto de 835 millones de pesos para financiar, mediante el Fondo Nacional de Desarrollo Regional (FDNR), el Programa de Protección para el Área Marina Costera Protegida de Múltiples Usos “Isla Grande de Atacama”.

Fuente: Noticias UCN