Asunción, Paraguay (IP).- La acuicultura de pequeña escala se han constituido en un pilar importante de la seguridad alimentaria y el ingreso familiar, con un número creciente de personas que en forma complementaria o exclusiva incursionan en la actividad para producir alimentos, ya no sólo en zonas rurales, sino también en los cinturones periféricos de diversos centros urbanos destaca un informe de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

Los productores de acuicultura de recursos limitados y de la acuicultura de mediana y pequeña empresa (AREL y AMYPE) pueden contribuir a las cuatro dimensiones de la seguridad alimentaria en América Latina y el Caribe, dado que sus actividades representan una fuente de alimentos de alto valor proteico a bajo costo y generan ingresos y empleos en las zonas rurales, señala el reporte de la FAO denominado “Agricultura Familiar en América Latina y el Caribe: Recomendaciones de Política”.

Asimismo, sostiene que la acuicultura es más eficiente que otros sistemas de producción animal en lo que respecta a la tasa de conversión de insumos (alimentos) en peso vivo. Además, promueve un uso eficiente del agua y la ocupación productiva de espacios rurales poco aptos para otros usos; la mejora del entorno a través de la reutilización de áreas contaminadas, y a través del repoblamiento (liberación controlada de alevines producidos en cautiverio) favorece la recuperación de poblaciones naturales de peces, contribuyendo a las actividades pesqueras y al restablecimiento del equilibrio en ecosistemas acuáticos.

Por otra parte, la acuicultura puede ser un catalizador de actividades no agrícolas, recuperando áreas no aptas para la agricultura y ofreciendo alternativas de empleo como el turismo rural vinculado a la pesca deportiva (“pesque y pague”) y la producción de bioabonos a partir de los sedimentos orgánicos de los estanques, entre otros.

En una primera aproximación, a través del diagnóstico regional de AREL y AMyPE en América Latina, se estimaron más de 103.000 familias con actividad acuícola parcial o exclusiva (Flores-Nava, 2013), lo que representa más de 400.000 personas con empleo asociado a la acuicultura de recursos limitados o de la micro y pequeña empresa en la región, considerando 4 miembros en la familia en promedio.

Un ejemplo de cómo la agricultura familiar en países de la región contribuye de manera significativa al sostenimiento de la seguridad alimentaria y nutricional familiar, es el de la región de Caazapá, en Paraguay, donde los pequeños agricultores producen en traspatio, tanto cultivos agrícolas, como aves de corral y tilapias.

De acuerdo con información primaria (encuestas directas a productores), las familias consumen verduras y legumbres durante los 7 días de la semana, acompañando 3 días pollo, dos días pescado y una vez cerdo o res como fuente de proteína animal (Flores- Nava, 2013a).

En términos del ingreso familiar, los aportes de la acuicultura pueden ser significativos, ya sea a través del acceso a los alimentos que la familia deja de comprar en el mercado, o bien a través de la venta de excedentes comercializados. En este sentido, al igual que en el resto de los sub-sectores que integran la agricultura familiar, la acuicultura genera auto-empleo, ya sea a través de las actividades del sistema productivo, o en su práctica en monocultivos, con la posibilidad de participación de todos los miembros de la familia, particularmente mujeres, principalmente en la etapa operativa o de desarrollo del cultivo.

En el ejemplo anterior, basado en datos reales de productores de una comunidad rural de Paraguay, los retornos al trabajo superan el equivalente a US$ 14 por jornada trabajada, con un total de dedicación familiar de 1.110 horas anuales, lo que representa una importante alternativa de autoempleo parcial, sin descuidar otras actividades productivas.