Ecuador.- Conocer y evaluar la situación poblacional actual de la pesquería de peces pelágicos pequeños como pinchagua (Opisthonema spp) y macarela (Scomber japonicus), así como las perspectivas de manejo, fue el objetivo de la reunión de trabajo que mantuvieron las autoridades del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Acuacultura y Pesca (MAGAP).

Los estudios los realizaron técnicos del Proceso de Investigación de los Recursos Bioacuáticos y su Ambiente (IRBA) del Instituto Nacional de Pesca (INP) entidad adscrita al MAGAP.

A partir de 1981, el Instituto Nacional de Pesca realiza el seguimiento de estas pesquerías. Ha obtenido información científica por medio de los desembarques de los diferentes puertos y caletas pesqueras, con el fin de determinar la distribución, abundancia y los aspectos pesqueros y biológicos de las principales especies comerciales.

Viviana Jurado, técnica del Proceso IRBA, indicó que estos estudios permiten recomendar políticas adecuadas de manejo pesquero, basados en los resultados de las evaluaciones poblacionales.

“Esta pesquería es de importancia socio-económica para el país, ya que  son utilizados con diferentes propósitos, tales como alimentación y producción de harina de pescado”, manifestó Jurado.

Respecto a la pinchagua (Opisthonema spp) Jurado expresó que los niveles de mortalidad por pesca señalan que esta especie se encuentra en sobrepesca a partir de 2005 y en sobre-explotación a partir de 2010.

Dentro del análisis de aspectos reproductivos Jurado agregó que el INP propone modificar los periodos de veda actual a los meses de febrero, marzo y abril, con el objeto de mitigar el impacto de la pesca sobre los períodos reproductivo y de desove.

En cuanto a la macarela, indicó que los resultados mostraron que los cambios poblacionales de este recurso han estado determinados, principalmente por cambios en la escala de las capturas desde mediados de los años 90, y del efecto de la mortalidad por pesca que a la fecha mantiene a la población en una condición de agotamiento relativo.

Además, informó que la productividad de este recurso comenzó a registrar anomalías negativas desde 1994, lo cual influyó en que la población disminuyera de manera significativa y sostenida durante los últimos 30 años.