Panamá (FAO).- La pesca artesanal y la acuicultura a pequeña escala pueden convertirse en una de las respuestas más  efectivas al problema del hambre que aún aqueja a más de 7 millones de personas en Centroamérica y República Dominicana, de acuerdo a la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO).

Un estudio reciente realizado por la FAO, señala que durante el periodo 2000 a 2010 el volumen de producción medio anual de pesca en El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá ha sido de 422 210 toneladas métricas, lo que en términos monetarios se traduce en 2 mil millones de dólares por año o 24,5% del PIB procedente de la producción primaria.

“Existen volúmenes significativos de la pesca y acuicultura a pequeña escala que difícilmente entran en el mercado de exportación y que podrían tener un mayor aprovechamiento para el consumo local”, señaló Ignacio Rivera, Coordinador Subregional de la FAO para Mesoamérica y Representante en Panamá.

Este fue el principal tema de discusión que reúne a más de 25 expertos internacionales  y responsables del tema de los 11 países de Mesoamérica, quienes plantearán las bases para una propuesta que mejore la confianza del consumidor en los productos de la pesca artesanal y la acuicultura de pequeña escala. La propuesta incluye la promoción de manera efectiva de los productos de la pesca y garantizar las buenas prácticas de higiene en toda la cadena de suministro para contar con un producto seguro e inocuo.

La reunión celebrada en Panamá del 19 al 21 de mayo fue organizada por OIRSA y la FAO, con el cofinanciamiento de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID) de la Secretaría de Relaciones Exteriores, en el marco del programa Mesoamérica sin Hambre.

“Sabemos que la pesca representa una contribución económica importante a los países de Mesoamérica, el actual reto es cómo lograr que la pesca artesanal y la acuicultura contribuyan a mejorar la seguridad alimentaria de los sectores más vulnerables de nuestros países”, indicó Laureano Figueroa, Director Regional de Inocuidad de Alimentos del Organismo Internacional Regional de Sanidad Agropecuaria (OIRSA).

Por su parte, el Embajador de México en Panamá, José Ignacio Piña Rojas, señaló que “el programa Mesoamérica sin Hambre busca posicionar a México como un actor global del desarrollo, fomentando la Cooperación Sur-Sur, con el intercambio de experiencias y fortalezas de cada país, por el bienestar de la región”. Agregó que “a través de talleres como el que hoy se inaugura, el Gobierno de México renueva su compromiso y disposición de trabajar con la FAO y los países de la región en pro de la seguridad alimentaria y nutricional”.

La acuicultura y la  pesca de pequeña escala como fuente importante de la producción de alimentos, además de su contribución a los medios de subsistencia, generación de empleo e ingresos económicos para la sociedad, depende del buen desarrollo de la misma,  del buen conocimiento de sus productos por parte del consumidor, y un  buen manejo post cosecha dentro de un enfoque integrado y responsable con otras actividades agropecuarias y medio ambientales, haciendo de la acuicultura una actividad sostenible.

Pesca y acuicultura en Panamá

Panamá es uno de los productores de pescado más importantes entre los países de la subregión, con un consumo anual aparente de  23 kg por persona que es mayor que el promedio mundial. Esto representa una oportunidad de crecimiento para el sector pesquero y acuícola del país, señaló Jorgensen, Oficial de Pesca y Acuicultura de la FAO.

La pesca y acuicultura en Panamá representan el mayor aporte (74.4%) al sector primario (agricultura, ganadería, silvicultura y pesca), generando más de 35 000 empleos, y se plantea como una alternativa importante para garantizar la seguridad alimentaria, de acuerdo al  estudio Contribución de la pesca y la acuicultura a la seguridad alimentaria y el ingreso familiar en Centroamérica de la FAO.

Los actuales índices de inseguridad alimentaria de Panamá se concentran principalmente en el área rural y en las comarcas indígenas, donde se calcula que existe pobreza de aproximadamente el 60% y que los niveles de desnutrición en menores de cinco años bordean el 19%. Sin embargo, a nivel nacional el país ha mejorado considerablemente sus niveles de inseguridad alimentaria en los últimos 20 años, descendiendo de 26.4% (1990 – 1992) a 10.6% en el trienio (2011-2014).